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Detección del Abuso Sexual Infantil

"El miedo es un ácido que se bombea en la propia atmósfera. Causa asfixia mental, moral y espiritual; mata la energía y todo crecimiento." -Horace Fletcher

El abuso sexual, a diferencia de la violación, puede darse durante un período de tiempo prolongado de la vida del niño. Es decir, puede durar años antes de que sea develado, por ello es importante conocer ciertos indicadores a ser tenidos en cuenta durante la intervención y que posibilitarán detectarlo tempranamente, a fin de interrumpir en forma inmediata el abuso.

La violación es la forma extrema del abuso sexual, y se caracteriza por la violencia física que la acompaña. Como los signos físicos de agresión no pueden esconderse, son los que se develan con mayor frecuencia. Sin embargo, el abuso sexual infantil al cual nos referimos se da en forma gradual y muchas veces la fuerza física no está presente; por ello es conveniente que el agente de intervención maneje estos indicadores, aunque muchos de ellos sólo puedan ser comprobados mediante una revisión médica o un diagnóstico psicológico; algunos indicadores sí pueden ser detectados a través de la entrevista, ya sea con el niño o con sus familiares. Además, el manejo de estos indicadores le permite al agente de intervención hacer una derivación adecuada para realizar el diagnóstico correspondiente.

Otro factor importante a tener en cuenta al iniciar el proceso de intervención es que los niños no mienten en relación con una situación abusiva. Su palabra es el primer indicador y hay que creerles para poder indagar sobre los indicadores que se detallarán más adelante.

Hay que tener clar que la presencia de un solo indicador no es necesariamente síntoma de abuso sexual, pero una combinación de indicadores físicos y de comportamiento en el niño, sumado a la dinámica familiar, puede hacer presumir la existencia de abuso sexual.

En niños y niñas menores de 7 años

En algunos casos el niño o niña tiene un comportamiento que lleva a sospecha; por ejemplo, preguntas referidas a sexo, amenazas o uso de términos que no corresponden a la edad ni a las costumbres de la casa.

A partir de ello la madre o la familia sospecha y poco a poco va acercándose a la verdad hasta que el niño o niña cuenta y/o descubre al abusador. En este caso hay más tiempo para saber qué hacer y especialmente para que el niño o la niña se sienta segura y sin culpas.

Las consecuencias físicas del abuso son también un camino para descubrirlo: una enfermedad de transmisión sexual, irritaciones o malestar en los genitales. El niño o la niña pueden quejarse de dolor y en la consulta médica quedar en evidencia el abuso.

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En adolescentes mujeres

Al igual que en niños y niñas pequeñas, las consecuencias físicas del abuso sexual pueden ser el factor que lleve a su descubrimiento, ya sea por una enfermedad de transmisión sexual, inflamación en la zona anal o genital, o embarazo.

También sucede que la niña o joven, por lo general cuando está en la adolescencia, cuente lo que le ocurre, sobre todo si el abuso es incestuoso y ha empezado hace años.

Esto ocurre porque el abusador sabe que cuando la niña crece y se convierte en adolescente, tiene otros intereses y por lo general trata de salir y tener un grupo o una amiga íntima; esto, unido al desarrollo sexual, puede motivar que la chica se atreva a contar a alguien su secreto.

Para evitarlo, el abusador hace todo lo posible para que la joven no salga a la calle y utiliza como argumento que la está protegiendo de posibles peligros. Cuando los argumentos son acogidos y la chica siente su libertad restringida, se da cuenta que el único modo de tener algo de libertad es contando lo que ocurre.

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En adolescentes hombres

Por lo general es más difícil que el niño o el joven cuente que ha sido víctima de abuso sexual. En la sociedad el abuso sexual hacia un varón se asume como pérdida de su masculinidad y se presume que esa experiencia condicionaría luego un comportamiento homosexual. El joven lo sabe y por ello es muy difícil que cuente lo que le ocurre.

Desafortunadamente, hay pocos estudios respecto al abuso sexual en niños y jóvenes dado que la mayoría de los casos de abuso ocurren contra mujeres. Sin embargo, el abuso también se presenta en jóvenes y es necesario aclarar entre ellos que el abuso sexual no condiciona la opción sexual.

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Cambios a observar

Pueden notarse también cambios bruscos en el comportamiento de la niña o niño, que hagan sospechar de la existencia de abuso sexual.

Estos pueden ser:

  • Baja o disminución del rendimiento escolar.
  • Pérdida de apetito.
  • Regresión a un estado de desarrollo anterior. Por ejemplo, si ya controlaba esfínteres (pedía para orinar), ahora se le olvida hacerlo.
  • Se asea los genitales en forma exagerada o se niega a hacerlo.
  • Cambios repentinos de carácter: agresividad, tristeza, aislamiento.
  • Miedo frecuente a quedarse sola o con alguien en especial.

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¿Qué hacer frente al abuso sexual?

Cuando se descubre el hecho o la víctima cuenta lo ocurrido, lo esencial es asegurarle que no tiene la culpa. En caso de daño físico, buscar ayuda médica y asegurarle que se hará todo lo necesario para que ella esté bien y que el abusador será sancionado.

Existe la tendencia en la familia a tratar de "olvidar" el asunto, creyendo que así la víctima estará mejor y que con el tiempo olvidará lo ocurrido, en especial si es pequeña.

Las investigaciones muestran que estos hechos no se olvidan y si no son tratados adecuadamente tienen profunda repercusión en la vida futura de la persona. De no ser posible la ayuda especializada, hay que recurrir a aalguna persona de confianza que sabemos será una buena consejera.

Algunas recomendaciones importantes a tener en cuenta:

1. Crea lo que le cuenta la niña o niño. Los niños y las niñas no inventan casos de abuso sexual. Es importante que sienta que cuenta con una persona que le cree y lo escucha. Hágala saber que ha hecho muy bien en contarlo, que es bueno vencer el temor y que no le va a pasar nada.

2. Asegúrele que él o ella no es culpable. Recuerde que el abusador ha hecho todo lo posible para que guarde el secreto. Lo peor que le puede pasar a la víctima es que sea cuestionada como si fuera la culpable. En este sentido, hay que tener en claro que se trata de una persona que aún o tiene la madurez física ni mental para entender a cabalidad lo que ha pasado. En ningún caso la víctima es culpable.

3. Asegúrese que reciba atención médica y se sienta protegido. Trate de explicarle que hay personas que causan daño y que serán castigadas. Para los niños y niñas pequeñas la violencia sexual es percibida sólo como ataque físico. Por eso, cuide que sus preguntas se dirijan a la violencia o al daño físico y no al contenido sexual.

4. Asegúrele que lo que el adulto ha hecho es incorrecto. Explíquele que es abusivo y que debería ser castigado. Al mismo tiempo, trate de darle seguridad.

5. En caso de violencia sexual haga la denuncia ante la delegación policial. Ellos estarán obligados a recepcionar la denuncia. Muchas veces, con la tensión y angustia no se hace presión para ejercer nuestros derechos. Si se conoce el nombre del abusador es necesario decirlo para que quede sentado en la denuncia; así como las señas y direcciones que hagan posible su detención. Recuerde siempre que el silencio protege al agresor.

6. Debemos exigir que la víctima sea examinada por el médico legsita. Sólo con la constancia del médico legista se puede establecer la dimensión del daño físico o psicológico para los efectos legales. Posteriormente, el trámite tiene que continuar y tanto el agresor como la víctima serán citados.

7. Acuda a algún servicio de atención de estos casos. Desafortunadamente, en nuestro país aún no existen organizaciones especializadas para atender estos casos. Sin embargo, puede acudir a algún grupo de lucha contra la violencia hacia la mujer, ya que también acogen denuncias de abuso sexual hacia menores. Igualmente, puede asistir a los servicios de salud, colegios o parroquias. Si no se consigue sancionar al agresor, por lo menos la víctima tiene la seguridad de que existen personas que lo quieren y protegen, y que la persona que abusó merece sanción y castigo. Lo peor que le puede pasar a la víctima es que duden de su palabra o que se dé cuenta que el hecho es callado y que se trata al abusador como si no hubiera pasado nada. Callar o dejar pasar por alto es permitir el abuso; es negar los derechos humanos del niño o de la niña.

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Fuente:
Galdos Silva, Susana. "Mi cuerpo es mi territorio. Pautas de prevención del abuso sexual hacia niños y niñas". Movimiento Manuela Ramos, 1995.

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