Resiliencia e Intervención
"Promover la resiliencia es reconocer la fortaleza más alla de la vulnerabilidad. Apunta a mejorar la calidad de vida de las personas a partir de sus propios significados, según ellos perciben y se enfrentan al mundo." -Mabel Munist
(Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes)
El concepto de resiliencia en el proceso de intervención
El concepto de resiliencia toma interés social en los años 60, donde se inicia una serie de estudios e investigaciones con relación al término abarcando distintos aspectos de la realidad humana, desde la psicología, sociología, antropología y cultura.
Se desea incorporar el término resiliencia, no como la respuesta a todo lo que pueda acontecer en la vida humana, sobre todo en la vida de una niño(a) abusado(a) sexualmente; tampoco se pretende entender el concepto como un atributo que se trae al nacer, o como algo adquirido con desarrollo, por un privilegio de vida. Se entenderá como resiliencia la capacidad del ser humano de hacer frente a la adversidad y construir positivamente a pesar de ella.
No se apunta pues a conceptualizar el término de resiliencia como la situación milagrosa que libera a la persona de toda la problemática que implica el abuso sexual, sino se la ubica como una forma más de visualizar factores que pueden ayudar positivamente a la víctima y evitar la victimización. Dichos factores no son sólo individuales, se los denomina factores protectores y pueden ser familiares, comunitarios o grupales.
Por otro lado, también se pueden encontrar otros factores que posiblitan la vulnerabilidad y son denominados factores de riesgo.
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Factores protectores e intervención
Visualizar y trabajar el fortalecimiento de los factores protectores puede posibilitar realizar una mejor y más sana intervención. Los factores protectores se refieren a las condiciones o los entornos capaces de favorecer el desarrollo de individuos o grupos. Estas condiciones muchas veces reducen los efectos de circunstancias desfavorables.
Entre los factores protectores se pueden distinguir a los externos y los que provienen de las personas, es decir, internos. Los externos se refieren a condiciones del medio en que actúan reduciendo la probabilidad de daños: familia extendida, apoyo de un adulto significativo, familiar o grupo de referencia que brinde a la víctima apoyo, protección y confianza.
Los factores internos se refieren a características o atributos de la propia persona, como ser autoestima, seguridad, confianza en sí misma, facilidad para comunicarse, conocimiento de sus derechos, habilidades. etc.
Durante el proceso de intervención en casos de abuso sexual es fundamental buscar, visualizar y trabajar con estos factores protectores, ir enfatizando en las potencialidades y recursos personales, familiares y comunitarios, que permitan a la víctima enfrentar la difícil situación por la que está atravesando, y emerger de la misma, a pesar de lo ocurrido.
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Lo que implica la intervención en casos de abuso sexual
La protección del niño(a) debe ser el principio básico que oriente cualquier proceso de toma de decisiones, así como la movilización de los recursos disponibles en el ámbito legal, social, psicológico u otros, a fin de garantizar la interrupción de la situación de abuso y lograr un mejor contexto psicosocial para el(la) niño(a).
El abuso sexual infantil es quizás una de las experiencias más dolorosas e incomprensibles, cuyo manejo adecuado depende muchas variables, puesto que provoca un daño emocional no sólo por el engaño y la utilización del cuerpo, sino también porque las víctimas se encuentran en una situación de dependencia, no saben a dónde acudir ni a quién recurrir a pedir ayuda.
Cuando se presenta un caso de abuso sexual, por lo general es muy raro que sea un agente "especializado" el primero que reciba la denuncia de parte del niño(a) víctima de abuso. Hay que tener en cuenta que la comunicación del hecho no es inmediata; en algunos casos la víctima tarda meses o años en abrirse ante alguien en quien confíe.
Si este primer receptor se moviliza e impulsa al niño(a) a seguir adelante, tampoco es frecuente que la siguiente persona que intervenga sea muy especializada. Lo que suecede entonces es que el casoo pasa de un profesional a otro, cada vez más desconocido para el niño(a), convirtiéndose en un proceso doloroso, hasta que se encuentre a la persona con la serenidad y la competencia necesarias para hacerse cargo de la situación.
La experiencia muestra que muchas veces la remisión de los casos es una manera de lavarse las manos y diluye la responsabilidad del que interviene, pues el mismo considera que su responsabilidad llega hasta pasar el caso a una institución competente.
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¿Quiénes pueden intervenir en casos de abuso sexual?
La propuesta de atención que presenta este material se refiere a las primeras intervenciones que se realizan cuando un caso de abuso sexual es revelado y que estaría a cargo de quienes denominamos "agentes de intervención".
Las primeras intervenciones, llamadas también primeras ayudas, pueden realizarlas profesionales o no, personas sensibles con motivación y conocimientos acerca de la problemática del abuso y que hayan recibido una adecuada capacitación sobre el tema.
Existen algunas características que deberían estar presentes en las personas que van a realizar estas primeras intervenciones:
- Poseer sensibilidad, calidez y simpatía.
- Poseer una actitud abierta, lo que implica no juzgar y garantizar el respeto y la dignidad de la víctima.
- Tratar el caso con confidencialidad.
- Manejar con habilidad las emociones propias y las de los/las involucrados; sentimientos como la rabia, la ira, la ansiedad, el miedo, la angustia, la tristeza, etc.
- Ser capaz de reconocer sus propias limitaciones dentro del proceso y de confrontar sus propias actitudes frente al abuso sexual.
- Tener cierta capacidad de liderazgo que le permita tomar decisiones y actuar en la comunidad.
- Haber sido entrenado y capacitado para intervenir en casos de abuso sexual.
- Poseer información acerca de las instituciones y servicios existentes para realizar una adecuada remisión.
- Saber que no tiene todas las respuestas, que no hay soluciones completas pero sí satisfactorias.
El agente de intervención tiene una gran responsabilidad, pues se trata de trabajar lo más rápidamente posible, pero sin la precipitación emocional que le impida notar aquello tan difícil de ver o escuchar.
De ahí la importancia de trabajar en equipo, pues se necesita tener un gran compromiso con la situación para no claudicar ante las múltiples presiones que se ejercerán sobre él/ella, incluyendo las de los profesionales especialistas, los familiares, las autoridades, etc.
El equipo consituido es el que va a otorgar el marco de solidaridad necesario para involucrarse en la situación.
Cuando el niño(a) ha depositado su confianza, el agente debe permanecer atento hasta el final, independientemente del curso que sigan los acontecimientos.
Para una intervención es esencial que una persona o un pequeño equipo de personas se asuma como responsable de la ayuda, lo que va a implicar delegar algunas acciones y controlar otras para contener la gran crisis, que con toda probabilidad se va desencadenar.
Los agentes de intervención deben estar preparados para manejar toda la avalancha de sentimientos y presiones, manteniendo en lo posible la calma y la serenidad a fin de tener claridad sobre todos los pasos que deben darse, no perdiendo de vista que el sujeto de la intervención es el niño(a) afectado(a); por lo que las acciones que serán emprendidas deben priorizar la seguridad y protección del niño(a) y la búsqueda de apoyo para el mismo en el ámbito familiar y comunitario.
Hay que actuar rápido, éticamente no se puede permitir que un niño(a) continúe siendo abusado sexualmente. Si el niño(a) no se siente contenido, cuando ha tenido el gran valor de hablar, perderá definitivamente su confianza en el adulto y volverá a su soledad sintiéndose más desamparado que al inicio.
El agente de intervención debe dar información clara sobre la realidad y sobre lo que se avecina a corto plazo, sin generar falsas expectativas. Una situación muy deprimente y culpabilizante para los agentes de intervención, es que el niño(a) regrese con el abusador por cuestiones judiciales, o por no existir otras fornas de manejar la situación; este hecho hace que se tenga la impresión de haberle mentido, de abusar de ellos de nuevo, cuando se les ha afirmado que estarían seguros. En los casos en que esto ocurra, lo mínimo que se les puede decir es que uno ha puesto todo su empeño para que estén más seguros. Uno puede recorrer con la víctima los peligros que prevé en el momento, y tratar de brindar una relación de benevolencia y de respeto que permita restituir la confianza.
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La primera ayuda
Es muy importante recordar que cuando en una familia se descubre el abuso, se presenta una crisis. Los sentimientos que generalmente caracterizan estas crisis son miedo, angustia, impotencia, rabia, pues el hecho de develar una situación de abuso puede significar ruputra familiar, castigo para el agresor, rechazo de los otros miembros de la familia, etc.
Las primeras intervenciones, o primear ayuda, es un proceso que busca informar, apoyar y proteger a la víctima así como estabilizar a la familia para que éstas se constituya en un soporte válido para el niño(a).
La misión más importante es reunir rápidamente la información disponible, asumir la función de apoyo tomando las preocupaciones más importantes del niño(a) y delegar en un especialista el ejercicio de la función de "terapia" más específica y completa.
La función primoridal de la intervención es brindar una ayuda efectiva, creíble y solidaria. Un agente de intervención no puede sentarse furente a una víctima sin tener claridad del porqué, cómo y hacia dónde va.
En una adecuada intervención el agente debe, además, actuar de enlace con las diferentes organizaciones e instituciones que podrían estar involucradas, de manera de ir construyendo una red social de apoyo al niño(a) y a su familia y así evitar, en la medida de lo posible, una victimización secundaria.
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Fuente:
Roa, Angélica et al. Manual para la intervención en caso de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes. 1998; Asunción, Paraguay.