Trastorno por Estrés Post Traumático (PTSD)
"La felicidad es un trayecto, no un destino."
El trastorno por estrés postraumático (PTSD por su sigla en inglés), es un desorden psiquiátrico que puede ocurrir luego de haber experienciado o haber presenciado un evento que amenaza la vida, como una guerra, un desastre natural, un incidente terrorista, un accidente severo o asaltos personales como es el caso de la violación. Las personas que sufren PTSD generalmente reviven la experiencia a través de pesadillas y flashbacks, tienen dificultad para dormir y se sienten disociadas o alienadas, y estos síntomas pueden ser tan severos o durar lo suficiente como para interferir con la vida diaria de la persona.
El PTSD está marcado tanto por cambios biológicos como por síntomas psicológicos. El PTSD es complicado por el hecho de que generalmente ocurre en combinación con desórdenes relacionados como la depresión, el abuso de sustancias, problemas de memoria y cognición, y otros problemas de salud física y mental. Este desorden también se asocia con el impedimento de la persona a funcionar en la vida social o familiar, incluyendo inestabilidad ocupacional, problemas matrimoniales y divorcios, discordancias familiares y dificultades para criar a los hijos.
El trastorno por estrés postraumático puede iniciarse a cualquier edad, incluso durante la infancia. Los síntomas suelen aparecer en los primeros 3 meses posteriores al trauma, si bien pueden haber un lapso temporal de meses, o incluso años, antes de que el cuadro sintomático se ponga de manifiesto. Con frecuencia, la alteración reúne inicialmente los criterios diagnósticos del trastorno por estrés agudo. Los síntomas del trastorno y la predominancia relativa de la reexperimentación, comportamiento de evitación y síntomas de activación pueden varirar ampliamente a lo largo del tiempo. La duración de los síntomas muestra considerables variaciones; la mitad de los casos suele recuperarse completamente en los primeros 3 meses; en otras ocasiones todavía pueden persistir algunos síntomas más allá de los 12 meses posteriores al acontecimiento traumático.
La intensidad, duración y proximidad de la exposición al acontecimiento traumático constituyen los factores más importantes que determinen las probabilidades de presentar el trastorno. Existen algunas pruebas que demuestran que la calidad del apoyo social, los antecedentes familiares, las experiencias durante la etapa infantil, los rasgos de personalidad y los trastornos mentales preexistentes pueden influir en la aparición del trastorno por estrés postraumático. Este trastorno puede aparecer en individuos sin ningún factor predisponente, sobre todo cuando el acontecimiento es extremadamente traumático.
En los niños mayores las pesadillas perturbadoras sobre el acontecimiento traumático pueden convertirse, al cabo de varias semanas, en pesadillas generalizadas, donde pueden aparecer monstruos, rescates espectaculares o amenazas sobre ellos mismos o sobre los demás. Los niños no suelen tener la sensación de revivir el pasado; de hecho, la reexperimentación del trauma puede reflejarse en juegos de carácter repetititvo (por ejemplo, un niño que se vio implicado en un grave accidente de tráfico lo recrea en sus juegos haciendo chocar coches de juguete). Puesto que para un niño puede ser difícil expresar la disminución del interés por las actividades importantes y el embotamiento de sus sentimientos y afectos, estos síntomas deben ser objeto de una cuidadosa valoración mediante el testimonio de los padres, profesores y otros observadores. En los niños la sensación de un futuro desolador puede traducirse en la creencia de que su vida no durará tanto como para llegar a adulto. También puede producirse la "elaboración de profecías", es decir, la creencia en una especial capacidad para pronostricar futuros acontecimientos desagradables. Los niños pueden presentar varios síntomas físicos como dolores de estómago y de cabeza.
Los criterios internacionales de diagnóstico del Trastorno por Estrés Postraumático, acorde al DSM-IV TR, son lo siguientes:
El individuo ha estado expuesto a un acontecimiento traumático en el que:
- Ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás (por ejemplo, abusos, guerras, atentados o catástrofes).
- Ha respondido con temor, desesperanza o un horror intensos.
El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una o más de las siguientes formas:
- Recuerdos del acontecimiento, recurrentes e intrusos, que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
- Sueños de carácter recurrente, sobre el acontecimiento, que producen malestar.
- El individuo actúa o tiene la sensación que el acontecimiento traumático está ocurriendo (por ejemplo, sensanción de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y flashbacks).
- Malestar psíquico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
- Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
- Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
- Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
- Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
- Reducción importante del interés o de la participación en actividades sociales o laborales.
- Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
- Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
- Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no tener esperanzas respecto a encontrar una pareja, formar una familia, hallar empleo, llevar una vida normal).
Síntomas persistentes de aumento del estado de lerta (ausentes antes del trauma), tal y como lo indican dos o más de los siguientes síntomas:
- Dificultad para conciliar o mantener el sueño.
- Irritabilidad o ataques de ira.
- Dificultad para concentrarse.
- Respuestas exageradas de sobresalto.
Estas alteraciones duran más de 1 mes y provocan un malestar significativo o deterioro de las relaciones sociales, la actividad laboral o de otras áreas importantes de la vida de la persona.
Por favor recuerda que el TSPT es una enfermedad REAL que debe ser tratada. No es tu culpa si tienes esta enfermedad y no tienes por qué sufrir. Buscar ayuda profesional puede hacer una verdadera diferencia.
Fuentes:
National Institute of Mental Health Office of Communications and Public Liaison
http://www.ncptsd.org
http://www.eutimia.com
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