INOCENCIA INTERRUMPIDA
Mi historia de supervivencia al abuso sexual infantil
¡Denuncia el maltrato infantil en Chile!
 
Mi Historia (1a parte) Mi Historia (2a parte) Carta a Mi Agresor Carta a Mi Madre Después del Abuso Me Perdono... Yo Necesito... He Aprendido... Mis Agradecimientos
Definición del ASI Estadísticas Causas del ASI Consecuencias en los Niños Mitos y Verdades Abuso Sexual en Chile
Abusos Intra y Extrafamiliares Familias Abusivas El Incesto Agresores
Reacciones al Abuso Autolesión Desórdenes Alimenticios Flashbacks Pesadillas PTSD Rabia Vergüenza
Terapia Proceso de Sanación Romper el Silencio Perdón, Dolor y Sufrimiento Palabras de Aliento Para Disfrutar el Día a Día... Ellas Sobrevivieron Testimonios de Sobrevivientes Películas Oraciones Para Sobrevivientes
Prevención del ASI Detección del ASI Las Primeras Intervenciones Resiliencia e Intervención Para los Servicios de Urgencia
de los Niños de las Sobrevivientes de Quien se Autolesiona
Material Para Sobrevivientes Enlaces Relacionados Bibliografía y Recursos Material Para Webmasters


Carta a Mi Madre

"La familia que acumula buenas obras tendrá dicha abundante; la familia que junta maldades tendrá desgracia sobrante." -Refrán chino

Los sentimientos más ambivalentes que he tenido en mi vida los he tenido con respecto a mi madre. A veces quisiera perdonarla, a veces no puedo sino odiarla y culparla por todo lo sucedido. Hace un tiempo atrás, mi terapeuta me sugirió que le escribiera una carta. La verdad es que no pensé que tuviera mucho que decirle, pero una vez que comencé, me costó parar. Luego de un tiempo y de darle algunas vueltas, decidí publicarla ya que creo que marca el comienzo y el fin de un proceso. Un proceso complejo, ya que aún intento descifrar qué es lo que realmente quiero de y para ella...

No sé en qué momento nos perdimos la una a la otra. No me queda clara tampoco la razón de ese quiebre. Tiendo a pensar que fue por la historia de abuso que con tanta proeza has logrado obviar durante tantos años. ¿Pero cómo creer que eso es posible? ¿Cómo poder aceptar que tú, mi mamá, quien me trajo a este mundo, prefirió hacer la vista gorda al sufrimiento de su hija primogénita, aquella que siempre repites que fue "la que te hizo madre"? La verdad es que tiendo a pensar que lo dices con rabia más que con orgullo.

A pesar de uno que otro recuerdo agradable que ambas podramos tener juntas, mi infancia estuvo muy lejos de ser la infancia "ideal". Sí, así es. Ha llegado la hora de confirmarte lo que siempre supiste, pero de lo cual nunca has querido hablar: Efectivamente soy una víctima de incesto. Hasta donde me acuerdo, y según los borrosos recuerdos que con tanto dolor he logrado rescatar, fui abusada sexualmente entre los 8 y los 10 años por el tío ________. Sé que, aunque no lo necesites, me vas a pedir los morbosos detalles: Sí, él me tocó. Sí, yo también lo toqué. Sí, muchas veces. Sí, lo vi y sentí tener un orgasmo muchísimas más veces de las que hubiese querido. Sí, me penetró. Sí, varias veces, casi todos los domingos. No, fue sin violencia. Sí, me lo busqué. Sí, hay veces en que incluso lo disfruté y me excité.

Y esto es sólo un esbozo de mis traumáticos recuerdos. A medida que avanzo en mi proceso de sanación y contrariamente a lo que desearía, recuerdo cada día más y con mayor nitidez. Y cada memoria vuelve cargada con un paquete de síntomas emocionales y físicos. Siento las mismas cosas que sentía mientras estaba siendo abusada. Inexplicables miedos a los ascensores, a los globos, a ser agarrada inadvertidamente por las muñecas, a sentir la respiración de alguien en el cuello, a que me tapen los ojos, a las muñecas de porcelana, a los payasos, sentimientos suicidas, culpa y vergüenza son sólo algunos de los estragos que estos abusos tuvieron en mí. Los flashbacks que tengo con variable intensidad y frecuencia generalmente me dejan en un estado de shock y, a pesar de lo real que los siento cuando los estoy teniendo, parecen tan irreales una vez que terminan que muchas veces me pregunto si mi pasado no fue todo producto de mi imaginación.

Te respondo más de tus preguntas, que sé que querrás hacerme: No, no le conté a nadie en ese entonces. Y sí, hay gente que ahora, desde hace muy poco tiempo, sabe... pero seguramente es gente que ni te lo sospechas, algunas, y gente de la cual no tienes idea de su existencia, otras. Sin embargo, es gente que para mí ha sido un gran apoyo, cosa que por mucho que busqué, jamás logré encontrar en ti. Y gente a la cual, a estas alturas, me atrevo a decir que les debo nada más y nada menos que el estar presente aquí hoy escribiéndote esta carta.

También quiero que sepas que estoy en terapia desde hace un poco más de 6 meses. Porque, después de mucho trabajo, de mucho dolor y de mucho cuestionarme todo lo que erradamente alguna vez me lograste transmitir y enseñar como madre, he aprendido que las cosas no se pueden "sencillamente olvidar", que no es tan fácil "dar vuelta la página", que las cosas difíciles y que nos hacen sufrir muchas veces hay que hablarlas y enfrentarlas, que a veces es necesario recurrir a personas que nos puedan ayudar a entender lo que simplemente no podemos entender solas.

Así es que últimamente he estado pensando en muchas cosas, tratando de encontrarle sentido a lo que parece no tenerlo. He intentado justificar tus acciones, tus actitudes, tus pensamientos, pero creo que oficialmente me rendí. Ya no tiene sentido.

Sé que tú sabías. Sé que nunca hiciste nada al respecto. Todos mis comportamientos que para ti eran "normales" o necesariamente derivados de problemas físicos, tenían una razón de fondo. No sirvieron de nada todas esas visitas a los doctores. Aunque dudo que realmente lo hayas buscado, no lograste dar con uno que tuviera la suficiente proeza o atrevimiento como para decirte lo que no querías escuchar. O quizás eso es lo que yo quiero creer, ya que dudo que alguna vez estaré preparada para enfrentar el dolor que implica para mí el hecho de que alguien te confirmó lo que en el fondo sabías, pero acerca de lo cual no quisiste hacer nada al respecto.

A veces pienso que es imposible que hayas logrado encontrarle una explicación lógica al por qué, hasta los 10 años, necesité curaciones en los genitales tan frecuentemente y por qué tenía esas infecciones urinarias que aunque eran tratadas volvían a aparecer una y otra vez. No puedo aceptar que no entendieras mi razón para negarme a comer, y que pensaras que sencillamente "era por maña". Aún no me cabe en la cabeza que nunca te hubiese preocupado mi actitud, aquella que me permitió aislarme del mundo durante gran parte de mi infancia y adolescencia, metida en libros, en el estudio, en la música y en cualquier otra actividad que me hiciera olvidarme de lo que era y del espacio que ocupaba en este mundo.

A pesar de que muchas sobrevivientes de estas experiencias aceptan haber sido "programadas" por sus agresores a hacer ciertas cosas, creo que yo también fui, en gran parte, programada por ti. Programada para sentirme responsable y culpable por todo. Programada para odiarme a mí misma. Programada para nunca entender cosas que parecieran ser tan simples... porque nada es realmente lo que parece ser. Programada para sentir que he enloquecido, ya que los mensajes dobles que recibí mientras crecía podrían haber hecho perder el juicio a cualquiera.

Hace algunos años, habría pensado que a mi edad ya podría mirar hacia atrás y sacar en limpio varias cosas acerca de mi pasado. Pero hoy nada parece tener sentido. No parecía tenerlo hace un tiempo atrás, ni tampoco pareciera tenerlo ahora.

A veces me da rabia conmigo misma por no lograr tener las cosas más claras que cuando era más pequeña. Pero, ¿cómo poder pedirme esto si tú todavía estás viva? ¿Cómo, si cada vez que te hablo, me termino odiando un poco más a mí misma? Tienes una gran habilidad para dar vuelta las cosas, de manera que todo tenga que ver contigo. Puedes dar vuelta en mí contra mis propias palabras y actitudes, cosa que todavía me hace sentir como si estuviera loca, que todavía me hace sentir odio por mí misma y que aún me provoca a decirme cosas horribles sobre mí. Y, lo que es peor aún, a escucharlas.

De alguna manera, siempre logras hacerme sentir malagradecida por todo, sentimiento que me consume día a día, cada vez que tengo algún tipo de interacción contigo. Es tan sucia la manera que tienes de hacerme sentir culpable de todo. Culpable incluso de la rabia que siento por el abandono que sufrí a tan corta edad.

A veces pienso que habría sido mejor que ya no estuvieras a mi lado que tenerte presente como estás, pero tan ausente a la vez. Siento una falta enorme... a veces me llego a sentir ridícula de que a estas alturas de mi vida todavía me haga falta una madre. O quizás no es a mí a la que me hace falta, sino a la niña desamparada que llevo dentro y que aún sufre por el abandono y la indiferencia.

Cómo me habría gustado tener la confianza de ir a pedirte protección y consuelo cuando tenía miedo en la noche o cuando, como lo hice tantas veces, vomitaba en la cama. No sé a qué es lo que le temía: si a la indiferencia, si al rechazo, si a la resistencia... son cosas que aún no logro superar y cosas a las que aún les tengo un miedo horrible. En cualquier caso, me acostumbré a sentirme contenida entre la pared y la cama, y a hacer de la tina mi segunda cama.

Es una lástima que no me conozcas. Es una lástima que hayas matado todas las posibilidades y oportunidades de crear una relación madre-hija. Es triste que las personas que realmente me conocen (o por lo menos que son menos ajenas a la mujer en que me he convertido) no sean parte de mi familia. Es triste pensar que he conocido a personas que sólo en meses han podido jugar el rol de madres y establecer relaciones de genuina preocupación y afecto, cosa que tú no pudiste hacer en 26 años. Sin embargo, ya no estoy en la situación como para poder darte otra oportunidad. No soy capaz de aceptar otra bofetada más de indiferencia de tu parte. Ya han sido demasiadas a lo largo de mi vida, cada una de las cuales ha dejado su marca indeleble en mí.

He hecho lo imposible por agradarte, por no defraudarte, por ser la hija perfecta, por no causarte problemas... ¿y qué es lo que recibido de ti? Sólo sentimientos de escondidos celos, en lugar de la admiración que cualquier madre debiera sentir por su hija, independientemente de lo que esta haya logrado.

A veces quisiera gritarte todo lo que siento. Todo por lo que tuve que pasar mientras tú, según me puedo imaginar, sufrías por tu lado. Sí, porque no niego que tú también pasabas por momentos difíciles. Sin embargo no logro interiorizar que ese sufrimiento fue suficiente como para justificar el no hacer caso de lo que silenciosa pero tan desesperadamente te intentaba transmitir.

¿Cómo no sentir que me hierve la sangre cuando hoy en día te escucho decir que tú darías todo por tus hijas, que somos tus ojos, si fuiste TU misma la que no tuvo ojos para mí cuando lo necesité. ¿O es que la vergüenza de manchar el buen nombre pudo más contigo?

Si tu preocupación es que nadie me va a querer así, estás equivocada. _______ es una de las personas que sabe de mi historia. Y, para tu sorpresa, el contarle ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Me ha apoyado y me ha hecho sentir querida y respetada a pesar de todos los horrores que sabe de mí, a pesar de lo podrida, fallada y marcada que aún me siento. Y con eso me basta.

A veces creo que no me queda más que culparte en lugar de agradecerte por haberme traído al mundo. Porque esto fue lo único que fuiste capaz de hacer por mí. Sin embargo, la tarea de una madre es una tarea para toda la vida. Creo que esa es la única lección realmente valiosa que me diste en el transcurso de nuestra corta vida juntas.

¿Por qué siento que te necesito tanto? ¿Por qué hoy, cuando estoy a punto de empezar una vida que me promete toda la independencia y las libertades con las que siempre soñé, me siento tan culpable de dejarte tan dolida? ¿Por qué no soy capaz de darte una nueva oportunidad? ¿Por qué me aterra tanto el que me vuelvas a fallar?

A pesar de tener todas estas interrogantes, ya lo he decidido: me voy para empezar una nueva vida. Pero no te preocupes, tengo tu ejemplo. Y es el ejemplo perfecto. El ejemplo perfecto de la madre que NUNCA quiero llegar a ser.

Santiago de Chile
Noviembre de 2007

Subir...

Buscar con Google

¡Firma el libro de visitas!

 
 
© COPYRIGHT 2007 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS INOCENCIA INTERRUMPIDA