Testimonios de Sobrevivientes
| Título: |
Lo que nunca he puesto en palabras |
| Autor(a): |
Alicia |
| Fecha: |
26 de Abril de 2009 |
Nunca en la vida me he atrevido a poner esto en palabras. Hasta llamarlo abuso se me ha hecho difícil. Pero si quiero empezar a sanar debo poder las cosas en orden, llamándolas por su nombre. Tengo memorias muy vagas de muchas cosas a través de los años, pero recuerdo claramente la primera vez que mi padrastro me tocó de una forma que me hizo sentir "rara". Yo tenía 6 años (recuerdo a mi mamá embarazada de mi hermana, soy 6 años mayor que ella) y una mañana antes de ir al colegio mi padrastro me levantó por el aire jugando, pero al bajarme, cuando mi vagina estaba a la altura de su cara, abrió mis piernas y me mordió. No fue una mordida fuerte, pero recuerdo claramente que sentí que algo no estaba bien. Recuerdo que me sentí incómoda y fuera de lugar.
Realmente no recuerdo cómo todo fue escalando, mis memorias me llevan a cuando nos mudamos a una casa más grande. Él me decía que ese era nuestro gran secreto y que yo no se lo podía decir a nadie, yo era su niña especial. Me hacía ver pornografía, y yo tenía que pretender que me gustaba. Me hacía escoger entre las películas que tenía "la que más me gustara". Me hacía sexo oral, eso parecía gustarle mucho. Me ponía a masturbarlo. Se quitaba la ropa y me hacía hacerle sexo oral a él. Me contaba de sus experiencias sexuales con mi mamá, lo que a ella le gustaba, las posiciones en que tenían relaciones sexuales.
Él iba a la casa a comer al mediodía, mi mamá no. Después de comer y beber café me sentaba en sus piernas mientras veía televisión y me masturbaba. Todas las malditas tardes. No recuerdo claramente cómo fueron escalando las cosas, pero desde los 6 años hasta los 12 fui su víctima cautiva. Todo acabó cuando mi mamá me comunicó que se divorciaba y nos mudamos a un apartamento. Para mí fue liberación total. Me sentí culpable de sentirme tan feliz ante la tristeza de mi mamá, pero la realidad es que el saber que no iba a verle la cara todos los días, ni a sentir su boca y sus manos asquerosas sobre mí fue fuente de una alegría increíble.
Para mí fue muy difícil tener que convivir con ese abusador, comer en su mesa, ver televisión y hacer vida familiar junto a él todos los días como si no estuviera pasando nada. Manejé mucha culpa a medida que fui creciendo, pues a mí entender si yo hablaba podría crear una situación familiar muy terrible. Me he culpado mucho siempre por no haber hablado, de manera conciente entiendo que una niña no tiene herramientas para manejar todo lo que me pasó a tan temprana edad; pero mi inconciente no lo entiende así. Me siento sucia y asquerosa porque entiendo que nunca debí permitir que eso pasara. Mi terapeuta lucha con esa noción que está fija en mi mente en cada sesión que tengo con ella. Mi reacción antes todas estas cosas ha sido encerrarme en mí misma y no dejar que nadie se me acerque.
Puedo ser alegre y amistosa, pero pongo una barrera clara que nadie cruza. Para poder sobrevivir me he recubierto de una capa de dureza muy grande. La gente me percibe como demasiado dura y rígida, ningún hombre se me acerca. La verdad es que soy débil, y lo que no quiero es que alguien vea lo débil que soy, ni todo lo sucio y feo que hay en mi vida. Me decidí ir a terapia porque no puedo permitir que esa conducta se perpetúe, estoy siempre sola. Después de mi divorcio hace 8 años no he podido tener una relación estable. Y estoy cansada de cargar con esta culpa, porque yo no pedí que abusaran de mí. Esto me llegó solo y me cambió la vida y yo no lo pedí. Tengo que aprender a superarlo antes de que la vida se me vaya.
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