Testimonios de Sobrevivientes
| Título: |
La historia de Mónica |
| Autor(a): |
Manocla |
| Fecha: |
17 de Agosto de 2007 |
Recuerdo la primera vez que hablé con mi psicóloga. Era en febrero de 2006. Fui porque me di cuenta que tenía bulimia desde hacía un año (ahora sé que prácticamente llevaba ya 3 años y medio con el trastorno). Me había separado hacía 5 años. Y tenía una niña de 6 años y medio. Me separé porque mi ex me maltrataba. Me pegaba, me insultaba, me amenazaba de muerte, me fisuró 2 costillas, me violó varias veces vaginal y analmente. Ana, mi psicóloga me preguntó: "¿Como te sentías cuando vivías con tu ex?" Y yo le dije: "Como una mierda". Luego me preguntó: "¿Como te sentías antes de conocer a tu ex?". Y yo llorando le dije: "Como una mierda. Llevo toda la vida sintiéndome como una mierda". Después recuerdo que me dijo que descubriríamos el por qué había ido a parar a manos de un maltratador. Luego me preguntó si había sufrido abusos sexuales infantiles. Le dije que sí. Que mi tío había abusado de mí de los 6 a los 18 años y mi abuelo a los 14. Pero que era una cosa que tenía superada. Que no me había marcado. Que no pasaba nada. Que estaba olvidado. Que lo de mi abuelo me había dolido mucho, por el hecho de ser mi abuelo. De mi propia sangre. Y que lo de mi tío lo recordaba como algo agradable. Que nunca me hizo daño. Que nunca me había tocado la vulva directamente. Sólo a través de las bragas. Que yo nunca le había visto desnudo. Y que nunca nunca le había tocado el pene directamente. Siempre a través de los pantalones. Ella me dijo que me ayudaría. Que lo que necesitaba era recordar. Y que tuviera muy claro que todo lo que recordaba seguramente no era realmente lo que había sucedido. Y empecé la terapia.
Siempre he sabido que mi tío y mi abuelo abusaron de mí. Siempre. Pero mi mente infantil intentó cambiar la historia, los recuerdos de lo que realmente ocurrió, intentó mitigar el dolor. Y en parte lo consiguió. Llevo un año y medio de terapia con mi psicóloga. Y en este tiempo lo que recordaba hasta entonces no tiene nada que ver con lo que recuerdo y con lo que realmente sucedió. Yo intenté arreglarlo, para poder seguir viviendo. Pero para poder salir de todo esto he necesitado recordar y necesito recordar aún más. Vuelvo a revivirlo una y otra vez como si volviera a suceder.
Mi tío. A ver, hasta lo más atrás que recuerdo yo tenía 6 años y él 19. Era el novio de mi tía, la hermana de mi madre. ¿Cómo empezó? No lo recuerdo exactamente. Sé que él sólo quería estar conmigo. Soy la mayor. Tengo una hermana con un año menos. Y dos hermanos 5 y 7 años menores que yo. Soy rubia, con los ojos azules y bajita. Mis hermanos y hermana son morenos, ojos marrones y altos. ¿Eso era lo que me distinguía? ¿Era lo que hizo que abusara de mi? No lo sé. Pero a ninguno de mis hermanos ni a mi hermana les pasó.
Jugaba conmigo. Me leía cuentos. Al principio fueron abrazos y besos en la mejilla. Me decía que me quería. Yo le decía que también. Me decía que yo era especial. Y a mi me gustaba ser especial para alguien. Mi madre nunca ha sido cariñosa. Es una persona muy muy fría. Incapaz de besar y abrazar. A mi padre casi no le veía pero cuando estaba sí que era cariñoso con nosotros. Después recuerdo que me dijo que me enseñaría a besar de otra manera. Como lo hacían los que se querían de verdad. Pero que era nuestro secreto. Que no podía contarlo. Que si lo contaba, le apartarían de mí. Que no podría jugar ni leer más conmigo. Y me enseñó a besar con la lengua dentro. Y no recuerdo que me desagradara. Me gustaba ser especial. Me gustaba sentirme querida. Me gustaba que me abrazara.
Creo que tenía unos 8 años cuando dejaron de gustarme sus besos. Creo que era porque ya no se limitaba sólo a eso. Empezó a restregarse contra mí. A tocarme los pechos, a tocarme la vulva a través de las bragas, a babearme el cuello y las orejas. Y a meterme la lengua cada vez mas adentro. Me cogía la mano y me obligaba a tocarle su pene a través de los pantalones. Yo le decía que ya no quería hacerlo más. Él me decía que yo debía dejarme hacer lo que él me hacía. Porque era mi tío. Porque me quería. Porque si además se sabía lo que estábamos haciendo a él no le pasaría. Pero ni mi padre ni mi madre me querrían mas. Porque todo era por mi culpa. Que mi tía no me lo perdonaría.
Llevo 4 meses con anorexia. He perdido 12 kilos en 4 meses. Desde que recordé las penetraciones. Siento y revivo sus besos, su saliva, su lengua, sus jadeos, sus lametazos en mi cuello y en mis orejas, sus manos sobando todo mi cuerpo, su pene, sus movimientos acompasados mientras me penetra. He podido ubicar que a los 10 años ya me había penetrado. Pero no soy capaz de recordar si fue a los 7, 8 ó 9 años. Y siento nauseas constantemente. Y vomito. Desde que lo recordé, vomito. Y apenas puedo comer. Y tengo ya pérdidas de conocimiento. Me doy asco. Todo me da asco. Siento su sudor, su olor asqueroso, su aliento, el olor a semen. lo siento constantemente alrededor. Antes de recordarlo llevaba casi 3 años y medio con bulímia. Con atracones constantes. Con varios intentos de suicidio. Con tendencia a autolesionarme cortándome. Y sientiéndome tan culpable.
Creo que pasé de la bulimia a la anorexia porque cuando tenía bulimia me sentía absolutamente vacía y ahora me siento tan llena de mierda y de semen que no lo puedo soportar. Y necesito vomitar constantemente. Me doy asco. Tanto asco. Creo que llevo con trastornos alimentarios desde los 11 años. A los 22 años sufrí anorexia tambien. Y se me fue tan de las manos que llegué a pesar 47 kilos. Ahora sufro anorexia pero aún no parezco una anoréxica. Aún así, ya hay gente que empieza a decírmelo. Hace unos días fui a la fundación Fada, tuve una primera entrevista, conté un poco mis abusos sexuales y le dije que lo que creo que necesito ahora es poder formar parte de un Grupo de Ayuda Mutua y la chica con la que hablé y que no conocía de nada, me dijo que era evidente que tengo anorexia. Y me dejó perpleja. Mi marido tambien me lo decía. Pero yo no me lo creía. Y no quiero volver a entrar en el infierno de la anorexia. Ni en el de la bulimia (es el que llevo peor). Necesito dejar de vomitar. Necesito superar todo esto. Pero no sé como hacerlo. Me bloqueo. Espero que el Grupo de Ayuda Mutua me ayude a seguir adelante. Lo necesito.
Y fui creciendo. Y todo seguía igual. Con mis somatizaciones. Migrañas desde los 6 años. Recuerdo que a los 8 años quería morirme. No tenía la capacidad de pensar en el suicidio, pero deseaba morirme. Mi madre me decía que era normal. Trastornos alimentarios desde los 11 años. Intentos de suicidio desde los 12 años. Diarreas. Vómitos. Atracones. Lumbalgias. Insomnio.
Después nació su hija. Mi prima. Gemma. Y yo era su madrina. Con casi 12 años. E iba a cuidarla. Y entonces ya sí me negaba a acostarme con él. Y él me amenazaba con que si no me dejaba se lo haría a su propia hija. Y yo le decía que no, que a ella no la tocara, que me tocara a mí pero a la niña no. "Por favor a la niña no la toques. Por favor haz lo que quieras conmigo, pero a la niña no la toques, por favor, te lo suplico. No se lo hagas, por favor!" Y todo siguió igual. Y recuerdo en su casa cuando me acribillaba con la música de Bruce Springsteen mientras me sobaba, me besaba y me penetraba. Y me enseñaba la revista "El Víbora" para que yo me excitara, y no recuerdo excitarme. Porque él me daba mucho asco. Porque mi vida era un infierno. Porque no veía ninguna salida.
Y llegó el gran día. El día 10 de mayo de 1987. Gemma acababa de cumplir 2 años. Y me invitaron mi tío y mi tía a comer. Y estábamos mi tío, mi tía, la hermana de mi tío, su sobrina, mi abuelo, mi abuela, mi prima y yo. Comimos. Luego casi todos se fueron a la cocina a preparar el pastel con las velas y nos quedamos en el comedor mi tío, mi prima, mi abuela, mi abuelo y yo. Me levanté para llevar algun plato a la cocina. Y entonces mi abuelo me agarró. Me puso una mano directamente en un pecho y con la otra me levantó la falda y me metió un dedo en la vagina. Le di un tortazo. Y me senté. Mi abuela se estaba riendo. Su marido estaba tocándome la vagina, su marido le estaba tocando la vagina a su nieta y sólo se le ocurrió reírse. Mi tío sonreía. La niña, con 2 años no entendía nada. Y yo no sabía qué hacer. Estaba hecha polvo. Volvieron todos los demás, se soplaron las velas, etc. No comí nada. Le dije a mi tía que tenía que marcharme. Me dijo que no quería que me fuera sola. Me dijo que mi tío o mi abuelo me acomparían a casa. Le dije que no. Que quería andar. Me fui.
Llegué a casa llorando. No entendía muy bien lo que había pasado. Mi abuelo me había metido el dedo en la vagina, mi abuela se había reído y mi tío sonreía. Y yo no podía parar de llorar. No le conté nada a nadie. Al día siguiente cuando llegué del colegio, mi madre estaba allí en casa esperándome. Mi madre nunca estaba en casa con nosotros. Y menos a aquella hora. Se ve que la llamó mi tía y mi abuela porque se ve que por ningun motivo yo había pegado a mi abuelo y estaban muy ofendidos todos. Y que esperaban una disculpa por mi parte.
Y yo me puse a llorar. Y le conté a mi madre lo que había sucedido. Le dije que mi abuelo me había metido el dedo en la vagina mientras mi abuela se estaba riendo. Y además le dije que no era la primera vez que esto me pasaba. Que había otro familiar que hacía años que me tocaba. Y mi madre me dijo: "Cállate. Y no se lo cuentes a nadie. Y menos a tu padre". Y me mandó a mi habitación a reflexionar. Cogió a mis hermanos y hermana y se fue a comprar. Me dejó sola en casa. Y yo me sentí tan impotente, tan enfadada, tan dolida por la actitud de mi madre que sólo podía pensar en el suicidio. Y me fui al baño. Y me corté las venas de la muñeca izquierda con una cuchilla. Pero como soy diestra, entonces no pude cortarme la muñeca derecha con la muñeca abierta. Puse la muñeca en agua caliente para que todo fuera mas rápido. Pero la cosa no salía como yo esperaba. Así que cogí una cheringuilla para poder inyectarme aire en las venas y terminar con todo de una vez. Pero no pude. Me puse a llorar desconsoladamente y no pude hacerlo. En esos momentos llegaron mi madre y mis hermanos a casa. Yo no los oí. Mi hermana abrió la puerta del baño y me encontró con la muñeca abierta y llorando. Llamó a mi madre. Vino. Me preguntó que qué estaba haciendo. Le dije que me quería suicidar, que me había cortado una muñeca y que había intentado inyectarme aire en las venas. Y mi madre me dijo que inyectarse aire en las venas era una forma muy lenta de morir. Y se fue a la cocina. Sólo me dijo eso. No me curó las heridas. No me llevó a urgencias. No me llevó a un psicólgo o psiquiatra. No me llevó al pediatra. Mi madre me dejó allí. Tirada. Sola. Desesperada.
Por la noche llegó mi padre. Me había vendado la muñeca. Y seguía llorando. Me fui directa a él. Pensé que él me creería. Mi padre y mi abuelo nunca se han podido ver. Se odian. Mi padre me escucharía y me creería. Y mi padre me dijo que le dejara en paz y se fue a ver la tele. Y yo me quedé allí en el pasillo, de pie, con la boca abierta. Y entonces empezó a salir mi rabia, mi odio, mi rencor, mi ira. Y recuerdo que mi único objetivo en mi vida era martirizar a mi madre. La odiaba tanto que sólo deseaba hacerle daño. Con mi padre no me atrevía. No quería que me pegara con el cinturón o con la zapatilla como hacía algunas veces a mis hermanos. No. Mi objetivo para mi venganza era mi madre. La iba a putear. Como ella me había puteado a mi. Nunca, nunca en la vida me preguntó qué había pasado. Que se lo contara de nuevo. Que le dijera que otro familiar me estaba tocando. No le importé. Yo no importaba. Lo que me había dicho mi tío durante tiempo era verdad. Mi madre y mi padre no me querían. No me creían. Debía ser culpa mía. No sabía por qué. Pero estaba claro que era culpa mía.
Ana, mi psicóloga dice que aquel fue el día decisivo. Aquel día las opciones mas claras eran el suicidio, las drogas, la prostitución o volverme loca. Y aquel día fue el día que demostré la fuerza que tenía. No acabaron conmigo. Ni los abusadores ni sus cómplices por acción ni por omisión. Mi tío y mi abuelo por haber abusado de mí. Mi abuela por consentirlo. Y mis padres porque lo que pudo haber terminado con casi 14 años al final terminó a los 18 años. Unos abusos que podían haber durado "sólo" 8 años duraron 12. 4 años más que fueron una eternidad para mí. Y entonces ya sí, con el consentimiento de mis padres.
Aparte de los abusos de mi tío y mi abuelo, desde los 7 a los 14 años sufrí abusos y acosos sexuales esporádicos por parte de amigos de mi padre, monitores y un profesor, entre otros. A partir del 11 de mayo de 1987 hubo un antes y un después en mi vida. Desde los 14 a los 24 años ningún hombre volvió a abusar más de mí, aparte de mi tío (por el hecho de que me amenazaba de hacer lo mismo con mi prima). Los que lo intentaron recibieron un rodillazo en los cojones. Aprendí a defenderme por primera vez. Mis padres no lo hacían por mí. Y aprendí a hacerlo por mi misma. Por toda la rabia que llevaba dentro.
Recuerdo que era el mismo año, ya hacía frío, había pasado el verano. Me había quedado un día a cuidar a mi prima por la noche y me quedé a dormir. Al día siguiente, mi tío, la niña y yo nos fuimos a pasear el perro por el campo. Y paseando por el camino, mi tío me tiró al suelo se puso encima de mí, empezó a babearme y a sobarme. Me desabrochó el pantalón y me metió el dedo en la vagina. Me puse a chillar como una loca. Me estaba haciendo mucho daño. Le dije que me dejara, que me hacía daño. Y él seguía. Y la niña se puso encima de él y empezó a golpearle. Y le chillaba: "Déjala, que le haces daño, papa! Déjala!". Y él la apartó de un manotazo y la tiró al suelo. Pegó a su hija de 2 años que intentaba defenderme sin saber lo que estaba pasando. Hijo de la gran puta asqueroso! Y milagro. Al cabo de un rato la niña dijo:"Mira! Mamá!". Estaba llegando mi tía. Él se levantó. Yo seguía en el suelo llorando. Me abroché. Pero no podía dejar de llorar. Mi tía preguntó qué había pasado. La niña le dijo que papá estaba haciendo daño a Mónica. Mi tío le dijo que no había pasado nada, que estábamos jugando, que me estaba haciendo cosquillas y que yo era una quejica y que me había puesto a llorar sin ningun motivo. Y yo pensé en contárselo todo a mi tía. Pero no lo hice. ¿De qué iba a servir? Ya lo había intentado con mis padres y ya había visto el resultado. La culpa era mía. Me lo merecía. Estaba clarísima. Este es el mensaje que había recibido de mis padres. No quería volver a pasar por lo mismo. Y le dije que sí, que me estaba haciendo cosquillas y que me había hecho daño.
A los 18 años finalmente pude terminar con los abusos. No por mi misma. No. Empecé a salir con un chico. Santi. Mi ex. Fue la primera persona, después de mis padres, a quien le conté lo de los abusos. Fue la primera persona que me escuchó. Fue la primera persona que me creyó. Fue la primera persona que me defendió y me protegió de mi tío. Era mi salvador. Era mi razón de ser. Era mi vida. Era mi rescatador. Lo era todo para mí. Salimos durante 6 años. Después nos fuimos a vivir juntos. Y a partir de entonces la cosa cambió. Me dijo que yo no había sufrido abusos. Que era una mentirosa. Que no creía nada de nada. Al mes de vivir juntos mis padres celebraban sus bodas de plata. Y tal como me dijo él su regalo fue el siguiente: la primera paliza, los primeros insultos, las primeras amenazas y la primera violación anal.
Y mi psicóloga tenía razón. Sé porqué fui a parar con un maltratador. Fui a parar con él porque me engañó. Hizo como que me escuchaba, me creía, me protegía y me defendía. Y para mí eso era lo mas importante. No veía nada más. Y sé porqué seguí viviendo 4 años más con él a pesar de las amenazas, las palizas, los insultos, las violaciones, etc. Seguí con él porque ya había vivido con eso. Era normal en mi vida. Ya me habían amenazado de pequeña, ya me habían violado de pequeña, ya me habían hecho sentir como una mierda de pequeña. Además estoy convencida que siempre he necesitado tener un hombre a mi alrededor. Los he tenido desde los 6 años. Por eso no era capaz de dejarle e irme. No sabía estar sola. Siempre ha habido un hombre en mi vida.
Pero al final me fui. Con la niña. Tenía un año y medio. No me fui por mí. Me fui por la niña. No soy capaz de hacer nada por mí. Supongo que lo intento. Al menos ahora lo intento. Necesito hablar de todo lo que pasó. Y empiezo a hacerlo. Siento que necesito formar parte de un Grupo de Ayuda Mutua y ya he dado el primer paso para lograrlo. Necesito salir de todas mis somatizaciones, autolesiones y de todo el dolor que llevo dentro. Necesito vivir. No quiero sobrevivir. Quiero vivir de verdad.
Con respecto a mi abuelo siempre creí recordar lo que pasó tambien. Y no es así. Siempre creí que sólo había sido aquella vez, el 10 de mayo de 1987. El 21 de junio de este mismo año recordé lo que me hacía mi abuelo a los 12 años. Cuando nació Gemma, mi prima, a veces mi tía la dejaba en casa de mis abuelos y me decía si podía ir allí porque no se fiaba mucho de mi abuela (su madre). Y yo iba. Y siempre era yo la que ponía a la niña a dormir en la cuna, que estaba en la habitación de mis abuelos. Entonces me estiraba en la cama. Y le cantaba a la niña o la acunaba hasta que se dormía. Un día entró mi abuelo. Se acostó a mi lado y empezó a tocarme. Y yo me quedé paralizada. Eso pasó varias veces, aunque él ya se estiraba en la cama antes de que yo acostara a la niña. Un día le dije a mi abuela que no quería acostar a la niña, porque mi abuelo se acostaba en la cama y me babeaba y me tocaba. Y mi abuela me dijo que fuera. Le dije que no. Me agarró de los pelos, empezó a chillarme y a pegarme y me llevó a rastras hasta la habitación. Me tiró encima de la cama y me dijo que era una mala nieta, que no valoraba lo mucho que me quería mi abuelo, que lo que me hacía el abuelo era porque me quería mucho, que era una desagradecida. Y me obligó a acostarme con mi abuelo. Y cuando él acabó mi abuela me dijo que si se lo contaba a mis padres dejarían de quererme, que no me creerían, que en todo caso me echarían la culpa a mí. Mi abuelo era un hijo de puta pero lo de mi abuela no tiene nombre.
Y yo le decía a mi psicóloga que sí, que habían abusado de mí, pero que no era importante, que lo había superado, que no me había afectado. Y yo enmascaré lo que realmente sucedió. Intenté convertir todo lo que me hizo mi tío en algo bonito y sin importancia. Sin recordar las penetraciones. Intentando borrarlo de mi mente. Borrar el recuerdo. Para poder intentar borrar el dolor. Pero no conseguí borrar el dolor. Algunos recuerdos traumáticos sí. Pero lo que queda no. No pude borrar el enorme vacío que siento. Lo vulnerable que era y que sigo siendo. No pude borrar el insomnio y las pesadillas. Mi vida era una mierda entonces y en este sentido nada ha cambiado. Mi vida sigue siendo una mierda. No tiene sentido para mí. No tiene ningun valor. Intento salir de esto por mis hijos. Si no tuviera hijos yo no estaría aquí, creo. O tal vez sí, porque nunca he tenido la valentía de suicidarme, como es obvio.
Hace un año que no quiero saber nada de nada de mi abuelo. Ni verlo. Ni saber cómo está del cáncer. Ni nada. Como ya he dicho, recordé lo que me hizo mi abuelo el 21 de junio de este año. Pues el día 23 de junio, el día que cumplí 34 años, mi abuelo murió. Hasta ese momento sólo esperaba que llegara este momento. Siempre decía que lo celebraría con cava. Que brindaría. Que no iría a su entierro. En todo caso que iría cuando no hubiera nadie y me mearía en su tumba. Ese día fui al tanatorio. ¿Por qué? Por mi madre. Al fin y al cabo era su padre. Mi tía (la mujer del tío que abusó de mí y que aún no sabe nada) empezó a contar cómo después de todo el sufrimiento y la no esperanza, los médicos estuvieron 2 días inyectándole altas dosis de morfina para acabar con su dolor. Y por primera vez en mi vida me alegré que no hubiera sufrido más de lo necesario. Por primera vez me alegré de que hubiera muerto relativamente rápido y sin sufrir. Y por primera vez sentí eso. Y por primera vez pensé, que aún así debería haber sufrido más, pero no lo sentí. Lo pensé. Lo que había sentido hasta ese momento dejé de sentirlo. Me sentí en paz por haber dejado de odiarle. No le perdono ni le perdonaré en mi vida. Pero dejé de odiarle. Para mí, él llevaba muerto muchos años. Yo no tenía abuelo. Los abuelos no abusan de sus nietas. Ese señor no era mi abuelo. No sentí su muerte. Pero sentí que sí, que ya no le odiaba. Me quité esa carga tan pesada.
Mirando hacia atrás observo el camino que llevo andado durante este año y medio de terapia. He recordado muchas cosas dolorosísimas. Las he revivido. He llorado mucho. En diciembre del año pasado tuve una conversación de 4 horas con mi madre. Le conté todo lo que había recordado hasta aquel momento. Le recordé el día que le conté lo de mi abuelo. Le dije que llevaba muchos años odiándola. En un primer momento me dijo que yo no le había contado nunca nada. Se lo recordé punto por punto. Y al final me reconoció que sí, que se lo había contado pero que ella creía que había sido una rabieta sin importancia con mi abuelo, por cualquier tontería. Le dije que ¿cómo podía decir eso después de ver como me había cortado la muñeca? ¿Me habría intentado suicidar por una pelea absurda con mi abuelo? Le dije que nunca, ni más adelante, me preguntó nunca qué había pasado exactamente. Le dije que si hubiera sido una pelea absurda yo no habría dejado de hablarme con mi abuelo ni le habría odiado tanto tiempo como ella sabía que lo odiaba. Le hablé de mi tío. Y de todo lo que recordaba que me había hecho. Y ni en un solo momento mi madre se emocionó. Ni una lágrima. Ni la voz entrecortada ni nada. Es fría, tan fría. Le dije que lo de mi tío duró de los 14 a los 18 años porque ella no hizo nada por evitarlo. Que yo me había sentido culpable. Que esa era el mensaje que yo había recibido por parte de ella. Recuerdo que en las 4 horas de conversación me acabé un rollo de papel de water entre mocos y lágrimas. Mi madre no necesitó ni un kleenex ni nada.
En febrero se me presentó un día mi madre a casa. Quería hablar conmigo. Me dijo que creía que mi tía (su hermana) ya estaba preparada para saber lo que me había hecho mi tío. Resulta que mi tía se enteró que el tío tiene una amante, pero no estaba decidida a pedir el divorcio. Total, mi madre vino para que le contara lo de mi tío para ver si así se divorciaba de él. Le dije lo que era. Le dije que era una manipuladora. Que ella sabía lo que me había hecho el tío desde los 14 años y nunca hizo nada por mí. Que cómo podía decirme que mi tía estaba preparada para escuchar lo que me hizo mi tío si creo que nadie nunca está preparado para escuchar una cosa así. Le dije que ni hablar. Que a mi no me manipulaba. Y que además no tenía mi permiso para aireárselo a mi tía. Que lo que tenía que haber hecho hace 20 años no iba a hacerlo ahora por sus intereses. Le dije que ni tan solo se había planteado si yo estaba preparada para contárselo a mi tía. Me negué en redondo y no lo hice.
Otro día me dijo que ya había hablado con mi padre y le había contado lo de mi abuelo y mi tío. Y que se ve que mi padre estaba destrozado porque no sabía nada. Me dijo que hablara con él. Le dije que hablaría con mi padre cuando yo estuviera preparada para hacerlo. Y es verdad, voy dando pasitos, poco a poco, necesito sentirme muy segura para dar el paso siguiente y yo en esos momentos no estaba preparada para hablar con nadie.
Hace unos 4 meses hablé con mi padre. Me dijo que él no sabía nada. Le dije que no sabía nada porque no le había dado la gana saberlo. El día que me vió con la muñeca vendada y llorando, no me preguntó qué me había pasado. Nunca preguntó nada. Cuando hablé con él hacía muchos meses que tenía una duda. Si había olvidado todo lo que había olvidado era posible que también mi padre hubiera abusado de mí y no me acordara. Y se lo pregunté directamente. Sabía que lo negaría lo hubiera hecho o no. Obviamente me respondió que no. Y por primera vez en mucho tiempo me sentí aliviada. Le creí. Por la manera de responderme, por su cara, por su mirada, por sus gestos. Nooooo! Mi padre no abusó de mí. Era una angustia, un miedo atroz que me devoraba por dentro. Y finalmente me pude quitar esa espina de encima. Con respecto a lo que me había dicho mi madre acerca que se lo había contado todo a mi padre, mentira! Para hablar con mi padre le pedí cita. Hablamos al cabo de dos semanas de cuando se lo pedí. Cuando mi madre descubrió que yo iba a hablar con él, entonces sí le contó lo de mi tío, pero no le contó nada de mi abuelo.
Finalmente hablé con mi hermana y mi hermano pequeño. Mi hermana ya sabía lo de mi abuelo (me encontró ella después del intento de suicidio) y lo de mi tío también lo sabía. Para mi hermano pequeño fue un mazazo. Se puso a llorar. Por no haberse dado cuenta. Por no haberme podido defender. Pobre si cuando empezó todo él ni siquiera había nacido y cuando terminó él tenía 12 años. Le dije que no era su responsabilidad verlo ni defenderme. Creo que, en parte, hablar con mis hermanos ha servido para unirnos un poquito. Yo llevaba muchos años alejada de mi familia. No de cuerpo. Pero sí de sentimientos. Por lo que respecta a mi otro hermano, lo sabe todo por escrito, ya que vive en Mallorca y casi no nos podemos ver. Nos ponemos en el messenger o a veces hablamos por teléfono. Hoy en día, mi madre aún sigue diciéndole a mi hermano mediano que yo nunca le dije nada sobre lo que pasó con mi abuelo. Que ella no sabía nada. Ni del tío ni del abuelo.
Y no me lo creo. No me creo que no vieran nada. Nadie vio nada. En 12 años nadie vio nada. No les dio la gana ver nada. De los 6 a los 12 años mi tío casi siempre abusaba de mí en mi casa. En la cama de mis padres. Estábamos mis padres, mi hermana, mis hermanos, mi tía, mi tío y yo. Mi tío siempre desaparecía conmigo a la habitación de mis padres y nunca nadie vio nada. Lo siento pero no me creo nada. Recuerdo que me sentía invisible y realmente era invisible para todos ellos. Sólo era visible para mi tío. Ningun otro adulto, ni mi madre, ni mi padre, ni mi tía nunca vieron lo que estaba pasando. Curioso! No vivíamos en una mansión. Vivíamos en un piso de 70 m2. Y cuando pasaba éramos 4 adultos y 4 niños en la casa. Siempre desaparecíamos los mismos y ellos nunca se preguntaron nada. Es una cosa que verdaderamente no consigo entender.
Aún sintiendo todo el odio que sentía sobre todo hacia mi madre, llevo toda la vida esperando lo que nunca he recibido de ella. Un beso, una caricia, un abrazo, un te quiero, un te creo, un te apoyo, un te ayudaré, un eres muy importante para mí. Nunca lo he tenido y siempre lo he necesitado. En el año y medio que llevo de terapia, y sobre todo a partir de haber hablado con ella en diciembre pasado, he llegado a un punto en el que creo que ya no odio a mi madre. Aún estoy resentida con ella, eso sí. Y por primera vez en toda mi vida siento realmente que no la necesito para nada. He llegado a la conclusión que lo que he estado esperando durante 34 años nunca llegará. Mi madre es así y nunca cambiará. Y las opciones eran o seguir esperando lo que no llegaría nunca o cambiar mi forma de enfocar y sentir las cosas. No necesito a mi madre para nada. No necesito a una mujer que a los 8 años me dijera que era normal querer morirse. No necesito a una mujer que a los 12 años me dijera que era normal querer suicidarse. No necesito a una mujer que me dijera a los 14 años que me callara y no contara nada de lo que me había hecho su padre. No necesito a una mujer que después de hablar con ella en diciembre pasado me diga que total mi abuelo sólo me tocó en público y que era como si me hubiera acariciado el brazo. No necesito a una mujer que me diga que lo pasado pasado está, que como estoy casada ya está todo solucionado, que tengo que mirar por mis hijos, que lo que me pasó tampoco fue tan grave, que lo supere. No necesito a una mujer que no sea capaz de emocionarse cuando le explico los abusos sexuales. No necesito a una mujer manipuladora que intenta cambiar la verdad de la cosas que han sucedido.
Mi hermano mediano es el que más me ha decepcionado. Cree a mi madre cuando ésta le dice que yo a los 14 años no le conté nada. Y sabeis, me da igual. No necesito demostrar nada. Yo sé lo que pasó y ella también (y a mí sí me lo reconoce). Creo que mi madre es muchas cosas pero no se merece el título de ser madre. Creo que básicamente es la mujer que me parió pero nunca se ha comportado como una verdadera madre. Soy madre y me alegra mucho decir que estoy muy lejos de comportarme con mis hijos como mi madre se ha comportado y se comporta conmigo. Y sí, me he liberado de la carga de mi madre. No la necesito para nada. Hasta no hace mucho me dolía todo esto que hacía o me decía. Ya no me duele. Ya no me afecta. Ya no me importa. Yo hago mi vida y no dejo que ella se interfiera. Mi madre ha dejado de ser alguien importante para mí. ¿La quiero? Sí. Era, es y será siempre mi madre. Pero creo que para poder superar esta "adicción" que tenía hacia mi madre necesitaba aceptarla tal y como es. No me gusta como es, lo reconozco. Pero no seré yo quien intente cambiarla. Allá su consciencia si es que tiene. Y no hace mucho que he llegado a este punto, supongo que a medida que me vayan llegando más cosas de ella tal vez al principio aún me duelan, pero creo que no será como antes. Sus comentarios y sus hechos me hundían más en la mierda. Si yo alargaba la mano para que me ayudara a salir, ella con el pie me hundía más. Y esto se terminó. Nunca jamás volveré a permitirlo.
Pero aún me queda un largo camino por recorrer. Por ejemplo, en el caso de mi tío tengo muchos sentimientos contradictorios. Por ejemplo, creo que si lo tuviera delante, indefenso, sabiendo que hiciera lo que hiciera no me pasaría nada y tuviera un cuchillo en la mano, no le haría daño, me cortaría yo (tengo tendencia a autolesionarme). Cuando me lo encuentro por la calle, intento que no me vea, cambio de acera, miro hacia otro lado, cambio de dirección, hago lo que sea para que no me vea, para que mis ojos no coincidan con los suyos. Tampoco creo que sea miedo. Sé lo que es el miedo, el terror. Con mi ex me pasaba. Gracias a la terapia con la psicóloga tambien he podido superar todo eso. Mi ex ya no me amenaza como antes, ya no puede conmigo, no bajo la mirada, me enfrento a él si me habla mal, si me amenaza me encaro a él. No, ese miserable tampoco ya no puede conmigo. Le veo cada semana, por las visitas de la niña, y aunque sigue intentándolo, no le permito pasarse ni un pelo.
Lo que me pasa con mi tío, no sé lo que es. Tampoco se lo he contado nunca a mi tía ni a sus dos hijas. A veces pienso que ¿para qué voy a contarlo? ¿Para que se sientan mal? ¿O tal vez no me van a creer? Nada va a cambiar si lo cuento. Lo que pasó ya pasó. Y otras veces me gustaría decírselo a todo el mundo. Que todo el mundo sepa lo que es ese hombre. Lo que me hizo. Lo que me ha hecho sufrir. En lo que me he convertido por sus actos.
Y las secuelas que tengo, no sé, puedo nombrar alguna de ellas y seguro que me dejo unas cuantas. A ver: miedo a todo en general, insomnio desde muy pequeña (supongo que por las pesadillas y porque cuando me quedaba a dormir en su casa mi tío se metía en mi cama por la noche), muchas jaquecas y dolores de cabeza, náuseas, vómitos y dolores de estómago, colon irritado, diarrea crónica y ahora ya hemorragias anales, mi terrible incapacidad de decir no y de decir lo que realmente necesito, incapacidad de pedir ayuda cuando la necesito (¿desconfianza tal vez?), trastornos alimentarios desde los 11 años (ahora otra vez instalada en la anorexia), tendencia a autolesionarme y a obsesionarme con el suicidio, creencia de ser rara, diferente o sencillamente estar loca, poca autoestima, incapacidad de expresar mi ira o explotar de golpe sin motivo aparente, sentirme sucia, asquerosa, guarra, puta, apestosa, ataques de ansiedad y de pánico, depresión y muchas ganas de llorar pero sin conseguir que saliera ninguna lágrima porque llorar significaba sentirme pequeña otra vez, sentirme inferior, manía de tenerlo todo controlado, todo limpio, todo en orden, todo en su sitio, muchos dolores físicos por todo el cuerpo, la regla me viene cuando le apetece y cuando estoy muy deprimida tengo constantes pérdidas de sangre, no ser capaz de emprender las acciones que necesito hacer y cuando consigo empezarlas al final no me veo capaz y abandono, pérdidas de memoria, un gran sentimiento de culpa que me está devorando por dentro, etc.
¿Y cómo empezó todo el calvario que llevo viviendo desde hace un año y medio aparte de por el tema de la bulimia que es lo que me llevó a la psicóloga? Pues la verdad es que no entendía nada de lo que sucedía en mi vida. Conocí al que hoy es mi marido, empezamos a salir, al poco se vino a vivir conmigo, me quedé embarazada así por sorpresa y sabeis nada de lo que me había ocurrido anteriormente se repitió. Nunca abusó de mí, nunca me pegó, nunca me insultó, nunca me violó, nunca me trató como una loca o rara, nunca me trató como si fuera inferior a él y eso es lo que desmontó todo mi mundo. Todo lo que yo había considerado normal resulta que no lo era. Y entonces empezaron mis problemas. Bueno, no, mis problemas ya estaban ahí lo que pasa es que yo no quería verlos. Entonces fue cuando me di cuenta de todo. Que todo lo que yo había vivido hasta el año pasado no era en absoluto normal. Que puedo tener una familia normal. Que puedo llegar a ser feliz. Que puedo hacer lo que quiera con mi vida. Supongo que algún día me sentiré así y podré hacer todo lo que me proponga. Aún no soy capaz de nada. Me cuesta mucho despertarme por la mañana y levantarme para vestir a mis hijos, darles el desayuno y llevarles al colegio. Cualquier pequeña cosita por cuotidiana que sea me cuesta un montón llevarla a cabo.
No puedo hacer el amor con mi marido si no estoy preparada, no puede besarme si no sé que lo va a hacer, no puede abrazarme si no me avisa, porque sino vomito y me mareo y le doy golpes para que me suelte. La mayoría de veces cuando hacemos el amor (que son 2 ó 3 veces al mes o menos) él se convierte en mi tío. Y no es su lengua ni su pene ni sus caricias. Son las de mi abusador.
No puedo dormir en la cama con mi marido la mayoría de las veces. Tengo que dormir en el sofá y sólo consigo dormir de 2 a 3 horas por noche. No consigo dormir más aunque esté muy cansada. Las pocas noches que consigo dormir en la cama, al día siguiente mi marido me dice que me paso la noche arañando las sábanas y rascándome mis partes íntimas. Y es cierto. De día me pica horrores pero me aguanto. De noche no lo controlo y me hago sangro de tanto que me rasco. Tengo bultos por la vulva y la vagina con pus dentro. Y tanto mi dermatólogo como mi ginecólogo me dicen que debo a ir a un psiquiatra porque es por los nervios y ellos ya no saben qué más darme para que deje de lastimarme.
Y no sé, supongo que hay muchas cosas más por contar pero creo que este ya es un buen comienzo.
Volver al listado de testimonios...
Subir...