Testimonios de Sobrevivientes
| Título: |
En agradecimiento a quien me ayudó a poder contarlo, TQ |
| Autor(a): |
Nena |
| Fecha: |
24 de Mayo de 2010 |
Hace 20 años ya de todo esto y aún no he podido olvidarlo, ni superarlo. Era una noche vieja, 3 años después de morir mi padre, única persona que realmente me quería, ya que después de 4 hijos varones, mi madre no quería seguir intentando tener una niña y el deseo de mi padre por conseguirla hizo que ella me repudiara toda su vida. Esa noche, mis otros hermanos y mi madre estaban en habitaciones diferentes viendo los fuegos artificiales que cada noche vieja veíamos con gran ilusión. A mí me tocó con mi hermano J.C. en la habitación de mis padres. Mientras mirábamos a través del cristal de la ventana, empezó a darme besos, que yo interpretaba de cariño, mientras me decía que ahora que papá no estaba él se ocuparía de darme todo el cariño que me faltaba. Pasó sus manos por mi cintura llevándolas al vientre y metiéndolas dentro de mi camiseta a la vez que subía hacia mis pechos.
Empezó a apretarlos y morderme por el cuello. Yo me retiraba y él me decía que no metiera ruido, ya que mamá en estas fechas estaba triste porque recordaba a papá y no teníamos que molestarla para ponerla triste. Me decía que eso tenía que ser así entre hermanos que se querían mucho y que era normal. Que él era el que más me quería y por eso me hacía esas cosas. Para que yo disfrutara. ¿Que disfrutara de qué? Tenía 13 años y no sabía nada de lo que me estaba haciendo, ya que por aquellos tiempos el tema sexo era un tema tabú en mi casa. Apretaba mis pechos con tanta fuerza que me hizo llorar, lo que no sé es si lloraba porque me hacía daño o porque no entendía lo que pasaba y me sentía mal dejando que me hiciera eso.
Me levantó y me puso en la cama de pie. Me bajó la ropa y llevó su cara a mis piernas besándolas y después, introdujo sus dedos en mi sexo. Le dije que no quería seguir con aquello y muy enfadado me tapó la boca y me tiró en la cama a la vez que abrió la cremallera de su pantalón. Sacó su pene y empezó a penetrarme, como con rabia. Me hacía mucho daño pero no podía ni quejarme, estaba paralizada, llorando y con una de sus manos tapando mi boca. Cuando se cansó de eso, reclinó mi cuerpo agarrándome por el cuello y acercó mi boca a su pene. Me obligó a hacerle una felación. Yo me retiraba llorando y el volvía a llevarme la cabeza a su sexo. No dejaba de llorar y solo quería salir de allí.
Cuando terminó, se vistió corriendo y me dijo que me diera prisa en vestirme... Me dijo que lo había hecho muy bien y que la próxima vez sería mejor, porque ya sabía hacerlo. Dios mio, qué sensación de sucia, vacía, indigna, aterradora. Creo que nunca se me irá de la mente el sentimiento de ese momento. ¿Por qué no supe pararlo? ¿Por qué dejé que me hiciera todas esas cosas en vez de gritar? Pasaron unos días en los que yo no sabía dónde estaba, qué quería, por qué lloraba a cada instante y por qué me sentía tan mal. Él volvió a por mí. Esta vez en el trastero de la terraza, entre para coger las pinzas mientras mi madre veía la TV en la sala y él vino detrás mío. Entró al trastero y cerró la puerta por dentro. Me puso contra la puerta del trastero y me agarró la boca desde atrás, tapándomela con la mano, como en la anterior ocasión. Bajó mi ropa y sacó su pene del pantalón. Yo quería abrir la puerta pero tiró de mi boca con su mano hacia atrás, me separó de la puerta y empezo a penetrarme por detrás. Me decía que yo tenía que ser la más puta de todas, la más zorra y que tenía que follar con todos los hombres que quisieran follarme.
No sé cómo, supongo que de dolor y rabia logré morderle la mano y quitármelo de encima. Abrí la puerta, subí mi ropa y salí corriendo de casa, sin haberme atado ni el pantalón. Bajaba llorando las escaleras del portal y mi madre desde la puerta de casa me llamaba. ¿Qué pasa? ¿Dónde vas? Salí tan aturdida que en la huída a ninguna parte, un coche me golpeó al cruzar la calle. Entonces, allí, apareció mi madre, mi tía y mi hermano. No quería que se acercara a mí. Sólo lloraba y decía que no quería subir a casa.
Varios días después, volvía a buscarme y me pedía perdón. Me decía que esta vez lo haría más despacio y con más cuidado. Le dije que si volvía a acercarse a mí, se lo contaría todo a mamá. Desde entonces,jamás volvió a hacer nada, pero en mi cabeza está todo guardado como si de un tesoro se tratara. A día de hoy. En más de una ocasión, al mantener relaciones con mi pareja, sigue pasándome por la mente todo esto y muchas veces rompo a llorar. Mi pareja se pregunta por qué hago eso y no he sido capaz de contárselo. Espero poder explicarle algun día el por qué sin tener que sentirme avergonzada.Y creo que el primer paso para poder decirlo es este, el liberarme y hablar de algo que llevo guardando en silencio 20 años. Intento comprender por qué estoy escribiendo esto ahora y me doy cuenta que después de 20 años, hoy por primera vez, he sacado todo esto de mi cabeza, de mi corazón. Alguien ha aparecido en mi vida para guiarme, para hacer que me quiera, para hacer que me valore, para hacer que me libere de esto que tantos años lleva quemándome por dentro. Ella me ha pedido que luche por mí y afronte el problema.Creo que al menos le debo intentarlo. Así es que aquí estoy, escribiendo todo esto que no sé si me ayudará o no, pero sí sé que al menos, dejo de guardarlo como un tesoro, porque no es nada de lo que me enorgullezca.
Espero que este escrito pueda ayudar a alguien sintiéndose identificado con mi caso y al mismo tiempo, agradezco a todos los que habéis contado los vuestros porque de alguna manera, me ha sido mucho más fácil contar lo que me sucedió a mí. Gracias a todos y en especial a ella, esa amiga que en apenas 3 meses, está cambiando mi vida. No habrá tiempo ni dinero para pagarte todo lo que haces por mí. Un saludo, Nena.
Volver al listado de testimonios...
Subir...