INOCENCIA INTERRUMPIDA
Mi historia de supervivencia al abuso sexual infantil
¡Denuncia el maltrato infantil en Chile!
 
Mi Historia (1a parte) Mi Historia (2a parte) Carta a Mi Agresor Después del Abuso Me Perdono... Yo Necesito... He Aprendido... Mis Agradecimientos
Definición del ASI Estadísticas Causas del ASI Consecuencias en los Niños Mitos y Verdades Abuso Sexual en Chile
Abusos Intra y Extrafamiliares Familias Abusivas El Incesto Agresores
Reacciones al Abuso Autolesión Desórdenes Alimenticios Flashbacks Pesadillas PTSD Rabia Vergüenza
Terapia Proceso de Sanación Romper el Silencio Perdón, Dolor y Sufrimiento Palabras de Aliento Para Disfrutar el Día a Día... Ellas Sobrevivieron Testimonios de Sobrevivientes Películas Oraciones Para Sobrevivientes
Prevención del ASI Detección del ASI Las Primeras Intervenciones Resiliencia e Intervención Para los Servicios de Urgencia
de los Niños de las Sobrevivientes de Quien se Autolesiona
Material Para Sobrevivientes Enlaces Relacionados Bibliografía y Recursos Material Para Webmasters


Testimonios de Sobrevivientes

Título: Cicatrices - Infierno en Vida
Autor(a): Celesty
Fecha: 22 de Junio de 2009

No es fácil enfrentarnos con nuestras miserias más profundas, hacernos cargo del dolor más intenso que podemos llegar a sentir, tanto que debemos alejarlo de nuestra vida para poder despertarnos cada mañana sin esas ganas increíbles de morir, ganas que aún están presentes pero aprendemos a dominar con el tiempo, aprendemos a escapar y a esconder lo que nos pasa hasta de nosotros mismos. No es fácil asumir que nos robaron el alma, que han abusado de nosotras tanto tiempo, cuando aún no teníamos edad suficiente para acabar de comprender lo que estaba pasando y algo dentro nuestro se rompió para siempre.

Nos arrebataron la niñez y crecimos de golpe, nos quitaron la inocencia y nos enfrentaron con cosas que jamás deberíamos enfrentar los chicos. Pasamos a cumplir el papel de adultos cuando no estábamos listas, fuimos nosotras quienes creíamos que debíamos cuidar de mamá, no podíamos hacerle eso, no podíamos arruinarle la vida, pero ¿dónde estaba mamá mientras tocaban nuestro cuerpito indefenso? ¿Era posible que no vea lo que sucedía? ¿Era posible que nos deje solitas con el enemigo? E incluso a veces nos empuje hacia él, ¿no escuchaba o no quería oír nuestro desesperado pedido de ayuda?

No importa que nunca hayamos dicho nada al respecto, de una forma u otra enviábamos señales de lo que nos sucedía, como esa inmensa necesidad de que fuera capaz de defendernos y abrazarnos fuerte para ya no sentirnos tan solas. Así y todo nosotras creíamos no tener derecho de lastimarla mientras nuestro corazón se iba marchitando con cada manoseo. Peor aún nuestro cuerpito reaccionaba al contrario que nosotras, el físico responde a la estimulación mediante caricias pero nosotras, pequeñas y todo, sabíamos bien que no era lo que queríamos, sabíamos que estaba mal y el daño que nos hacía era irreparable.

Cinco putos años soportando, llorando a escondidas cuando pensábamos en lo que pasaba, con más miedo y más culpa que lo que fuese posible imaginar, calladitas, inmóviles aunque temblando por dentro sin consuelo, cada lugar, cada momento del día, esté quien esté, nada parecía detenerlo, nada más parecía importar. Aquellos años ni siquiera era capaz de pensar en lo que estaba atravesando, huía de todo sentimiento y/o pensamiento. Me despertaba cada día porque no había otra opción y buscaba hacer las cosas lo mejor posible. Yo no podía equivocarme, tal vez porque algo me hacía tener la esperanza de que si me portaba bien y no cometía errores no iba a castigarme. Me engañaba a mí misma tratando de pensar que mi mente me estaba jugando una mala pasada, que yo exageraba y que en cualquier momento ese infierno iba a acabarse.

Pero nunca acababa, siempre había otra vez, otro episodio donde se robaban otro pedacito de mí… Y yo solita luchaba para seguir adelante pese a todo. No iba a permitir que me arruinen la vida, pero tampoco podía impedirlo. Luché tanto para sacarlo de mi mente que hay grandes lapsos de memoria que están borrados de mi consciencia. Al mismo tiempo que abusaban de mí, también tenía que luchar con los miedos propios de mi crecimiento, con hacerme señorita, con empezar a desarrollarme, con sentirme aceptada por mis amigos y todas aquellas situaciones normales con las cuales una niña debe enfrentarse en ese periodo de tiempo.

Yo no sabía cómo hacer para que aquella situación acabe. No sabía, sentía miedo, terror por lo que estaba pasando y hasta yo misma hacía lo posible por ocultarlo pues también sentía terror de lo que pudiera pasar si lo descubrían, y una infinita vergüenza… Sumado a eso sentía culpa por no poder defenderme a mí misma, por aceptar lo que sucedía, por no haber podido protegerme de ese dolor tan inmenso e incluso insoportable. Mamá tampoco hizo mucho por cuidarme de vivir cosas que no debía vivenciar a esa edad. Gemía y gritaba cada noche al tener sexo con el hombre que abusaba de mí, sus aullidos eran horribles, y yo me tapaba los oídos lo mas fuerte posible intentando sacar ese espantoso sonido de mi mente, que no se iba… luego los veía pasear desnudos por la casa como si debieran compartir sus asquerosos cuerpos conmigo.

Tengo recuerdos puntuales, como aquella vez en que me dijo que debíamos “terminar”, lo cual significaba concretar el acto sexual, la oscuridad de la cama y su cuerpo caliente tocándome, sus manos en mis pequeñas partes, tenía tanto miedo que no podría describirlo. Recuerdo, luego, estar sentada mirando por la ventana del patio y llorar. Creo que esa fue la única vez que lloré en esos cinco años. Recuerdo que sentía mucho frío y miedo. Nunca en mi vida tuve tantas ganas de morirme como aquella tarde en que, creo, terminé de comprender lo que estaba pasando. Tengo otra imagen clara en el patio trasero de mi casa, era de noche, si no me equivoco salimos a ver un eclipse. Él tomó mi mano y la puso sobre su miembro. Era grande y estaba duro. Lo recuerdo con tanta claridad. Era la primera y única vez que yo lo tocaba. Fue por arriba de su malla azul pero yo podía sentirlo como si no llevara nada puesto. Me acuerdo el miedo que sentí, creo nunca poder borrar ese terror de mi corazoncito. Y juro que me dio más asco del que pensé una persona podía llegar a sentir.

No había límites, dentro de la pelopincho que armamos un verano todavía siento cómo manoseaba mi cuerpito. Recuerdo cómo me tocaba a través de la bombachita, sentada encima suyo con mi pequeña pollerita de jean; sus hijos, mi mamá y mi hermano estaban sentados a la mesa con nosotros. Recuerdo también bañándome, cuando metía su mano por el costado de la cortina y me decía que quería bañarme. Recuerdo tan claro esa primera vez en que me tocó. Estábamos todos en Gesell, de pronto no sé por qué quedamos solos en la carpa, acostados. Él me estaba haciendo caricias como era normal mientras yo trataba de dormir. De golpe empezó a bajar su mano, yo sabía que no estaba bien, tenía alrededor de nueve años, era tímida, calladita y muy frágil. Empezó a tocarme por debajo de mi mallita. Me pregunto qué sentía, yo me quede inmóvil, callada, sólo pude decirle que tenía arena.

Ahí, esa tarde, comenzó el infierno de mi vida. Recuerdo que me ponía encima de él en la cama de ellos y realizaba movimientos sexuales, me tocaba todo el cuerpito que aún le faltaba mucho por desarrollar. Aún no logro entender cómo nadie pudo notarlo, cómo nadie pudo defenderme. Todos, en especial él, me desvalorizaban, me decían que era una inútil y que no servía para nada. Me hacían limpiar, hacer las compras y me criticaban todo el tiempo porque decían que yo no era capaz de hacer nada bien. Mamá jamás me defendió de esas agresiones verbales, siempre estaba de su lado y lo ponía en primer lugar a él. ¿Cómo iba a creer yo que sería capaz de defenderme?

Un verano, creo que tenía trece o catorce años, también en Gesell de vacaciones, él empezó a criticarme, a maltratarme como siempre; una tarde yo estaba pelando papas en la cocina de la casa que habíamos alquilado. Empezó a criticarme, a decir que era increíble que yo esté haciendo algo pero que seguramente lo estaba haciendo mal, me enfadé y le contesté que se callara. Empezó a gritarme y a decir que antes de callarlo a él tenía que aprender a limpiarme el culo... ese verano hubo una discusión muy fuerte entre todos, él le pegó a su hija, su hijo la defendió, le empezaron a echar la culpa a mi mamá… yo sólo podía llorar, no me metí, sólo abracé a su hija y él me miró y empezó a agredirme, me dijo que yo era la peor de todos y que no servía para nada. Gracias a Dios, que no dudo esta allá arriba viendo todo, ese verano al volver de la costa, mi hermano y yo no le hablábamos, mamá nos encerró a los tres en la pieza y el hijo de puta dijo que no quería saber nada con sus hijos.

Esa fue la única vez que recuerdo que mi mamá nos defendió, le dijo que entonces agarre todas sus cosas y se vaya de mi casa. Dios es sabio y todo vuelve, yo no dudo que algún día pague por todo, juntó todo en su polo rojo y se marchó, antes de llegar a su casa le robaron el auto y todas sus pertenencias, se quedó sin nada. Como ya era mucho pedir, mamá lo perdonó, yo ya tenía más o menos quince años y no aceptaba que volviera a casa, así es que ella decidió irse con él. Miércoles, sábados y domingos dormía con él, los otros días por ahí venía a mi casa, yo tal vez ya dormía... esa época nos terminó de alejar para siempre a mi madre y a mí. Yo vivía prácticamente sola, me hacía las compras, me cocinaba, hacía lo que quisiera. Desde los catorce empecé a tomar de más cada fin de semana. En esa época, sola en casa, tomaba realmente mucho alcohol, salía, me refugiaba en mis amigas, en la noche y en la bebida. A medida que pasaba el tiempo y yo seguía sola en mi casa me sentía más segura, creía que todo había terminado.

Al pasar un tiempo ya no necesitaba tomar para divertirme, había aprendido a cuidar de mí y de mi casa y me sentía mucho mejor. Una noche, mamá se acordó que tenía una hija y no sólo volvió a casa sino que lo trajo con ella. Recuerdo que me enojé mucho con ella porque volvía a exponerme a su lado, que no me daba opción de oponerme, esa era su casa y ella iba a hacer lo que quisiera. Recuerdo que esa noche estaba muy triste. Salí a bailar y me emborraché como hacía tiempo no, unos cuantos meses no lo hacía. Recuerdo que el dolor disminuyó al menos por ese momento y que después de esa noche me emborrachaba cada vez que podía, tomaba cualquier cosa, a esa edad mi cuerpo aún lo resistía.

Pasó un tiempo y me puse de novia. Realmente me enamoré como nunca de un negrito hermoso, lleno de tatuajes, que no trabajaba, ni estudiaba y vivía drogado. Él era lo más lejano a lo que mi madre podía querer y creo que tal vez por eso era lo más lejano a ese hijo de puta que me había arruinado la vida. Él ya no me tocaba pero dormíamos bajo el mismo techo. El hecho de estar de novia con Nicolás puso a mi madre en contra así como a su marido, que creía tener derecho de decirme quien valía la pena. Recuerdo muchas discusiones por ese tema, recuerdo que un día entro diciéndome si el delincuente con el que yo andaba estaba lleno de tatuajes, lo cual a mi me enorgullecía, esa tarde discutimos mucho los tres y él me decía que no iba a aceptar que yo esté con ese chico. A pesar de todo lo que había arruinado en mí creía poder arruinar la única persona a quien yo amaba realmente. Yo no podía permitir que eso pase, por lo cual luché por mi amor todo lo que pude.

Más allá del amor que sentía por ese muchacho, nuestra intimidad no era tan buena. A los 17 tuve mi primera vez con él, recuerdo que estaba inmóvil, y le pedí que apague la luz porque me daba vergüenza. Comencé a notar que las secuelas que me habían quedado de esos años eran más de lo que yo pensaba. Yo lo había eliminado de mi mente todo lo que pude y seguí adelante pero determinada manera de tocarme no me gustaba, me daba mucha vergüenza que viera mi cuerpo desnudo, y creo muy pocas veces llegaba al orgasmo. Algunas veces no sentía nada, y otras tan solo me quedaba quietita. También por esa época empecé a fumar marihuana. A veces, bajo el efecto de la droga revivía situaciones o momentos pasados, me asustaba, se hacían tan presentes y claros que casi no quería tocar a mi novio.

Después de pelearme con él, y no hace mucho, empecé terapia. Desde la primera palabra que dije cuando me senté en esa silla supe que tenía que contarle lo que me pasó pero tenía mucho miedo. Anteriormente sólo se lo conté a mi mejor amiga, sabía que ella no diría nada pero yo no podía hacerlo así es que le escribí una carta. Una vez más retomamos el tema y yo le dije quién había sido ese hijo de puta. Nunca hablamos abiertamente de aquello y casi nunca lo mencionamos otra vez. Luego se lo pude decir a mi psicóloga, conseguí otro trabajo y logré irme de casa. Ya me había marchado dos veces antes pero no podía mantenerme. Esta vez quería lograrlo, lo necesitaba.

Gracias a Dios hoy estoy escribiéndote desde el departamento que alquilo a seis cuadras de mi trabajo. Tuve otra relación que más allá de que él no resultó ser el hombre ideal me ayudó mucho. Gastón me enseñó que yo también podía disfrutar del sexo. No hacíamos nada que yo no quería, me encantaba estar con él. Ya no sentía pudor de que me viera desnuda y hasta algunas veces se quedaba a dormir conmigo. Hoy, de nuevo solita, estoy luchando con mis propios fantasmas, tratando de enfrentar la dolorosa realidad como puedo y de sacar todo lo que llevo metido adentro hace tantos años y que me hace mas daño del que soy consciente. Casi sin notarlo me aislé de todo aquello que me relaciona con el pasado y paso muchas horas sola encerrada en el departamento. A veces noto que no está bien lo que estoy haciendo y que tampoco me hace bien. Hace poquito aprendí a llorar, no sabía como se hacía, siempre lo había aguantado todo y ya no había más lugar en mi alma para seguir soportando, así es que lloré, lloré y aún sigo llorando. Espero algún día poder sacar de mí toda la mierda que llevo adentro. Espero algún día poder dejar de sentirme solita, y devolverle el brillo a mis ojitos que tenían en esa foto del jardín que aún esta colgada en el cuarto de la casa de mi madre. Todavía no sé cómo pero lo único que deseo con toda mi alma es poder estar bien y le juro a Cele todo el tiempo, se lo juro, que voy a encontrar la manera de poder hacerlo. Y más allá de todo confío y creo en que todo pasa por algo y que Dios está a mi lado todo el tiempo, lo siento, lo sé… gracias por permitirme contar mi experiencia y ¡fuerza! Celesty.

Volver al listado de testimonios...

Subir...

Buscar con Google

¡Firma el libro de visitas!

 
 
© COPYRIGHT 2007 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS INOCENCIA INTERRUMPIDA